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 Alguien debiera un día, enseñarme a cerrar puertas.
Pero no a cerrarlas como se cierra una mirada, ni así, como se tapa en el mañana la herida que hace negra la palabra.
A cerrarlas quizá, como el siervo duerme el ojo en un dejo de inocencia y de perdones.
O como anida el monte su entrepierna en la coraza, y roba al muerto el canto de alba entre las flores.
Alguien podría mostrarme si supiera, la herramienta, que case obtusa en el ojal de la madera.
Y haga del viento un secreto que responde, y no traspase del recuerdo a los dolores.
Yo he aprendido a cegar puertas paralelas y a borrarles con cerrillos las ventanas.
Pero es inútil que no pasen los momentos, que se adentran y se clavan en el alma.
¿Será quizá, que no he buscado la correcta?
Y en la fiera de mis huesos que percuten, aun palpita la esperanza de hallar esa…
¿Que aun cerrada no se niegue a ser abierta?
 Aquel día dejé atrás la calle adormecida, el polvo añejo del anden y las ventanas.
Las amigas con zapatos de madera, los caminos que arrastraban cerro abajo.
Dejé el secreto de los árboles de brujo, el duende verde que cuidaba algún tesoro.
El llanto claro de la víbora amarrilla, su aroma oscuro entre las viñas y los frutos.
Aquel día dejé atrás alguna tumba, el recuerdo de un amigo casi padre.
Y muchas tardes con el suelo como abrigo, o el vacío del que siente abandonado.
Dejé una rata con su cola larga y ágil, que en los techos hizo cuna a sus mestizos.
Que cambió mi mano y mi cariño por ser libre, o quizá, tan solo, fue el amor que la condujo a ser distante.
Allá, a los lejos cuando vuelvo la mirada, aún siento el humo del comal y las fogatas…
La leña erguida que prepara alguna madre, con la savia y las heridas de su raza.
Veo a mi perro desde antes compañero, y su manía de brincar sobre los sapos.
Y esa mirada que era brillo de mis ojos, cuando al dolor mi corazón no razonaba.
Allá, a lo lejos aún me roza en el recuerdo, el cuerpo niño que sufría, tras la culpa, de los hombres que ultrajaban sin ser hombres.
El sabor de aquella madre siempre herida, los hermanos con sus juegos para “grandes”...
O el sonido de los brazos de mi padre, que se hacían tan distantes y extranjeros.
Ahora, después de pasar la lucha con sus años, aún guardo mis respiros a esa tierra.
Guardo un grito hecho de barro y agua dulce, del calor de aquella gente tan humana.
Y me pregunto cuando vuelvo la mirada, con la rabia que se encaja en mis pupilas:
¿Por qué tengo que dejar lo que más amo?
¿Por qué tengo que ir dejando atrás la vida?
 Sigo buscando un nombre en las columnas verde/azules, que transitan y repasan la conciencia.
Un nombre ajeno que me adopte como carne, y que se rompa de una vez sobre esta imagen.
O que tenga acaso, algo de magia en las ranuras, y goce altivo de sabor dulce y amargo.
Uno que se olvide por común o masticado, y no este blanco que huye al trueno en mestizaje.
Sigo buscando ese nombre o quizá, sin que lo sepa, tan solo un cuerpo y una cara que no esconda, su dolor entre lo oscuro de la ceja.
O una historia que me cuente diferente, y tenga un punto de partida en otra tierra, que proyecte mi camino en los dobleces.
Sigo buscando un nombre, una figura, algún bosquejo, que me abrace a la sombra que adormezco, y me haga mujer a sangre de fusil y beso.
Pero que perdure ante todo mis cariños, y deje al corazón, este tan mío, como virgen…
Y a ese hombre que yo quiero…
…siempre adentro.  Recorrer la ciudad es cosa antigua.
Pisar colmenas de excremento en los jardines, huir del hierro que amenaza los dominios.
Es andar con ignorancia en el escudo, y creerse hijo de la piel en otra tierra.
Recorrer la ciudad ahora, es otra cosa.
Parecen nuevas las esquinas que persigan, o las manchas de carbón en los recodos.
Ya los ojos del niño no son agua indiferente, son reflejo de la sangre en los colchones, y tienen brillo de puñal que viola el alma.
Y las letras que resuenan discordantes, no perfilan más el rostro inculto de una boca, si se tornan en leyendas milenarias de las voces que recogen el pasado.
Caminar ahora la ciudad, es algo nuevo.
Si uno empieza a saberse parte y grano, de los hilos que han sembrado su semblante…
Y se siente más que extraño un hijo amado.
 Ellos también se van al cielo...
Respiran flores en la aurora y recuestan su nariz entre luceros.
Riegan calma sobre el mundo, tienen alas en la punta de los dedos.
Vuelan y se tornan una lágrima de estrella, o una gota de ternura que derrama trigo almendro.
Ellos también, ellos también se van al cielo…
Adornan su pelaje con sirenas y de sus garras mana el cielo y los océanos.
Cantan a la noche con secretos, tienen flautas en el hueso nacarado de su pecho.
Rezan a la lluvia, a los misterios y en la nube virgen hacen cuna a sus polluelos.
Ellos tienen un dios que sabe a leche y es de pelo, que vuela o nada si les pesa el largo cuerpo que repta o anda, si los ve sufrir de lejos.
Y les sopla las pupilas dando amor en ese aliento, que cierra el ojo que flotó hacia el universo.
Ellos tienen una casa en las alturas que refleja el arcoiris en su espejo.
Y una fuente de llanura inagotable, donde pastan sus espíritus traviesos.
Yo sé, me lo han dicho mientras duermo...
Los he visto cuando marchan galopando sobre el viento.
Ellos viven cuando parten de su cuerpo y su alma viaja en mil carrozas hasta el seno del calor que los espera allá a lo lejos...
...con un beso.  Se acabó la música para escribir los versos.
Solo queda el eco de mi pluma tras la hoja, que defiende su blanco ante la sombra, que le acosa.
El murmullo, en una gota que cae silenciosa, y resbalando se vierte rostro seco, amarillo y arado en esta luz de esferas y de rosas.
Y no, no hay notas para trazar el tiempo…
Mientras me desgasto y me descubro autista atando lenguas, que tejen soliloquios en el infinito océano que es el azul de mi cerebro.
Y me pregunto si alguna vez, haré de estas imágenes los símbolos de un libro, para que me entienda alguien, más de lo que yo me entiendo. (...) Las preguntas no encuentran respuesta, si mis ojos persisten en volverse estrella que derrama trazos de oro en las paredes vacías de mi inconciencia.
Quizás deba empezar a callar mis voces, para escuchar el letargo indómito que me ofrece el silencio que en la niebla espera.
Silencio que busco y se me escapa como aire que copula en mi cabello cuando lo quiebra.
Será que en esta hora, lejos lo encuentro…
Y en alguna nube formará otro cielo, y a otros duendes les hilara cuentos…
Mas a mi, me ha dejado como fruto seco, equilibrando respiros entre las ramas muertas de un árbol viejo.
Escuchando la nada, y devorando recuerdos, hablando con el lápiz que tatúa mi cuerpo.
Y es que, a estas horas…
…si me escucho atenta, lo comprendo, y sé que aun con la edad encima a veces, por las noches…
…sigo teniendo miedo.
 La niña… sentada, callada, y absorta lo ve desde lejos a veces lo toca le cuenta las líneas y las paredes rotas.
Le besa el silencio mordiendo las rocas se abraza a su bosque y se hunde en las hojas.
La niña lo piensa y le sangran las horas de los labios le arranca madrugadas y auroras.
La niña lo quiere La niña lo adora La niña se muere La niña lo llora
Sus puertas se abren entre flores y aromas con azules manzanas que desgranan palomas.
Las cortinas de humo con orquídeas se adornan y los mármoles fríos con el sol se tornan callados sonidos en alas de amor.
Sus ventanas, zafiros entre alegres rondas de silvestres enanos con hermosas Giocondas.
De los techos cobijo un cristal escarlata y del suelo le brotan mil espinas de plata, un geranio de oro una nube de mar.
¡Oh lejano palacio! ¡Oh cercano martirio!
Te rodearon de dioses te sembraron de lirios te colgaron gladiolas te forjaron idilios.
Te pusieron tan lejos que sus pasos no alcanzan y la niña te grita y sus palabras se abrasan entre calles perdidas en burbujas de laca, que le cierran el paso que le enredan el alma.
Que la adhieren tan hondo cómo luz a la nada al oscuro fondo de su cárcel cerrada…
A la huella vacía de su historia sin ti.
 Es cuestión de caer, y levantarse...
De acoplar al pecho las espinas que son viejas, e intuir en los tropiezos escalones.
De poner al labio travesuras y en la frente una luz que resplandezca.
O de plegar la herida a los costados y hacer grullas de papel sobre quimeras, que redoblen con su pluma el sentimiento.
Es cuestión, también de ser inmune a las miradas, y a los dedos que fusilan con su garra.
De cambiar el vidrio a la ventana, …y hacer lluvia del cristal de los espejos.
O de asirse a una fóvea entre las cejas, que reciba desafiante los conjuros, y verterlos como al río la montaña, diluyendo en la retina su veneno.
O al final, es cuestión de dar la mano a la otra mano y alzar el cuerpo uno mismo aunque recaiga, y no sepa donde diablos está el suelo.  Tengo polvo de zorzal en las heridas y unas líneas que traspasan la epidermis.
Tengo grietas en la orilla de los dedos y una historia que se esfuerza por caer.
Un secreto que se esconde entre las huellas, o da color a las violetas de mi vena.
Tengo un ojo o el corazón en la caricia, que percute susurrando mi conciencia.
Este sol tan arraigado en los nudillos hijo albino de su engendro pintoresco.
Y tengo un cuerpo… infiltrado a estas dos aves, con su tinta que se adhiere a las fisuras, de mis manos que se duelen tantas veces, o se hacen largas sobre el vino de algún trecho.
Tengo un arma, una flecha … o dos soldados…
Que se turnan uno a uno las miradas, y comulgan alta /entera mi cabeza.
Tengo dos, o tres… quizás mil de ellas que sostienen mi palabra cuando arquea…
Y recogen mi silueta si se quiebra.
 A media voz el verbo se dispara.
Se articulan vocablos inconversos, en la especie bipartita de mis alas.
Una tiza de carbón yace extraviada, en el trono gris con marca griega de su tapa…
A lo lejos un ritmo gregoriano entra y cala, el halo inquieto de la lira tan mundana, que deforma la palabra y hace dúctil de su silaba y su magia.
A media voz el labio arquea, la frontera curvilínea de su huella, húmeda grieta que recoge la memoria y la condena.
A media voz mi voz se pierde...
¿Quién la encuentra? ¿Quién la esconde? ¿Quién la miente?
A media luz quizás se haga, la voz bandera que se eleve allá con saña, hasta el hijo del profeta en digna gracia, que incendie al hombre de clamor en tanto grito que se apaga.
A media voz, a media luz, quizás en ambas…
El frío hace nido de las letras y me llama, a soñar con el siempre o el mañana…
…que en el canto sea amor y no desgracia.  Uno debiera a veces siendo mujer, llamarse una.
Pero a una, la letra “a” no le perfila… entonces una siendo hembra decide no hacer caso a reglas fijas y ser uno.
Y mientras teje las palabras indigestas… el llanto rompe hasta el ojo de la tecla y le dice a uno que es más frágil que la letra.
Y entonces uno, quisiera cavar un hueco en las botellas y ahogar el fondo de la carga que le pesa.
Siente turbia la mirada en tantas gotas, que no sabe ya tomar aquella mano si se quiebra, y en su lugar quedan solo marcas de metal o de madera. Entonces uno sigue queriendo abrir un hueco en el camino… y perder en los barrancos la pisada.
Y recuerda que sus pies aún tienen alas y en la hiedra afila el manto de su espada, alzando el vuelo vencedor a las murallas.
Pero si avanza se deprime en los espejos que se rompen y repiten en mil voces los errores, y no encuentra la señal que le haga luces a lo lejos y le diga “ven aquí” que yo te espero.
Entonces uno quisiera ser ovulo o esperma y engendrarse de nuevo en el vientre de la selva y quizá nacer de amor
...y no de piedra.
 Ay Garcín, yo tengo un pájaro azul en el cerebro.
Quizá se escuche en el silencio si lo encuentro; quizá se vea en mis pupilas si no miento.
Yo lo noto en mis palabras extraviadas, y en los versos que se enredan en su garra y en mis dedos.
Ay Garcín…
Yo tengo plumas en el seso; tengo una flor como hipocampo, y tengo un mar en vez de pecho.
Una jaula en la garganta que se adhiere, a esta glotis y hace un arpa con mi lágrima y mi aliento.
Y de ella… un pájaro azul, que es gris o negro.
Un pájaro de hierro en los costados o en el sueño, que me pesa en las meninges, que lo apresan entre el ceño.
Que aletea y me golpea sobre el llanto, que no engendro.
Que me espesa así la sangre, en tanto grito que no entiendo.
Un pájaro azul, amigo preso que se hace beso si me sangra la mirada… y se hace abrigo si me llora ingrata el alma.
Un pájaro azul…
Que me habla y nadie escucha.
Que me hiere y nadie cura.
Solo deja huellas en mi carne y se hace nido entre mis nervios.
¡Ay Garcín!
¡Yo también, yo también!
Yo también tengo un pájaro azul…
¡Así lo siento!
 Un rumor me acerca de reojo a tus llamados.
Y no puedo…
Correr tras esas nubes que se pintan ya cercanas a mi llanto.
Me detengo, me sostengo entre la felpa del amigo imaginario
Que no es dios, ni mucho menos es humano.
Es tan solo un gato inerte/desgastado, que me abraza las heridas y hace hogar bajo mi brazo.
Necesito su cariño, su sonrisa, hasta su canto.
Necesito de su mano, padre mío, si me faltas y te extraño.
Si te espero entre las huellas que dejaste tras mis campos, o entre el beso que me cierra desde siempre el duro parpado.
Yo te espero, padre mío, tú lo sabes, pero hay veces… que los años pueden más que los quereres.
Y el cabello se me enreda como hiedra entre los huesos, y los hala, cual destino que no espera a ser llamado.
Y me aferro con los dientes a tu abrazo, o me pinto en la memoria como niña que no muere…
A esperar que la vida por esta vez ...no sea muerte.
Mientras poso mis oídos en los rieles, como marcas que en suspiros, me dirán…
Si te vas hoy a donde marchas.  Y es que a veces… duelen las manos de tocar en línea recta, o curva plana, sin avanzar el limite y la carne que las traza.
Sin avanzar, allá, entre el barro que nos forja las entrañas, en la tierra que nos pare y que nos marca.
Sin que los gritos puedan más que el dolor que los amarra en un canon de amargura sin verbo y sin palabra.
Y es que a veces respiro y el aire se disuelve en agua, y mis pupilas abiertas no saben, cuando callan, que esta sal, que hace piedra de mis lágrimas… … me mata.
¿Como beber entonces, la impotencia sin tragarla?
Será quizá, en un sorbo de sangre mal cuarteada. O tal vez, en un suspiro que espíe mi ignorancia, y me haga expirar luego sin malicia y sin espadas.
A veces, quisiera entonces de un árbol, ser corteza y fruto, o ser la savia.
Y echarme la vida al hombro, a carcajadas…
Atada entre las uñas como nana indígena que lacta el hambre del mestizo entre las grietas de su espalda y el dolor colorido …de mi patria.
O quizás, echarme la carga al cuello en la garganta, y poblarme de hierro los zapatos, o descalza ser corcel alzando llamas...
Entre el dorado sol de su herejía…
y el himno siempre azul …. de su desgracia.
 Dame otoño hojas pardas en invierno… que así el frío de tu boca no me llueva sobre el sueño; y el color de tu distancia, no me ahogue los recuerdos.
Dame otoño un barco de aire, siempre alerta y como flora india pon victorias en mis rieles que estallando... sean canto, agua, sombra agreste, gota amorfa de fonemas, y de enseres.
Veo al hombre, otoño, y soy tu diestra, y mientras vuelo... siento a la fiera hermana y me estremezco.
Me disperso luz contraria entre las líneas zoomorfas, cardinales de la rama, cortando escenas en relieve mal tallado, de las grutas... verdinegras del pasado.
Ya difusa, soy quizá cortina de hojas, o tal vez cristal de azúcar humectando los apéndices prensores del gusano, o los cilios coloridos del naranjo.
Quizás tan solo huella arcaica, misionando que recoge grano a grano aquella savia, amarga/prieta de tus nanas hecha malta que alimenta las raíces marginadas.
Hazme otoño, ser suspiro entre tus alas…
Y acampar desnuda sin refranes, ni sudarios en la copa oscura de mi Ceiba reina patria… para ver desde sus ojos los caminos ultrajados con las uñas empalmadas...
…de animal que dio la espalda a su manada, y por ser hombre ….olvidó a su especie… y se hizo nada.
 No me digas camino donde hallarte no me lo digas, destino, no me llames… que mis huellas no siempre tienen ojos para andarte…
Y es que a veces, no soy más que animal sin suela y de mi carne pajarillos y abejas roban polen, hurtan sangre.
¡¡Dios!!
¿Quien me dice que avance, que no muerda… o que me mate?
Si nací con el puño en la garganta que no calla, y de la flor me guía a ser el ave y no la sarna.
Si del guiro tengo el trino, tengo el hambre, y de la piel gotas de tun en las maderas de mi aire.
¿Es que acaso alguien sabe donde posan mis huesos si es que caen…?
¿O alguien sabe, si mi lanza ...es de cielo y no de alfaque…?
A quién canto, entonces… dime tú, quetzal de nata… ¿Le canto a la herida de tu pecho, que aún sangra... o le canto al color de tu pluma verde, magna?
Ah, selva, corazón de ala… dime señora, madre, hada… ¿Le canto al hierro que desgarra tus entrañas, o le canto al agua de tu río que me embalsa?
No me digas camino, no me llames… que a sorbos engullo trago a humo, tu linaje…
… o lo pierdo… y no soy nervio, ni soy nadie.
No me esperes camino, entonces… sigue andando, que tus notas, hoy en mí, … quizás no marchen.
Porque nací con savia en vez de plasma, y nací con garras de afrodita entre las garras.
Y acércate vida, tú, estrella valva… deja que el siervo ya dolido... …encuentre historia entre tus ramas…
Y déjame así, esquiva extraña…
Descubrirte entre los rizos que hacen náufragos mis mares…
Conquistarte en el misterio, que me llama en lo salvaje.  Aspira… vapor de estrella, o telón de alga, trazo en el cielo naufragando…
Lanza, fusil, astilla eres al alba, o hilo y mordisco de humo a la distancia.
Y se alzan manos a tu vuelo, si la muerte finge ser estatua o dios de sexo entre los cuerpos que se abrazan.
O dios de viento entre las velas que tragan, a galopes el aire de sueños muertos que se cansan.
Entre sal de peces …ciegos deglutiendo el anzuelo barca escasa, del estriado madero, que parió la esperanza.
Donde viaja la tierra que en la sangre navega, a buscar otra vida, a buscar otro tiempo…
Donde el hambre no coma más dolor en los huesos, y el injusto no sea más señor o monarca y menos dueño.
¡Oh mar! ¡Amigo! Compañero incierto de mártir mirada, y corazón de trueno.
Escucha sus gritos, acuna sus miedos, y dales ahora si la cordura se aleja un beso de ola, un poema de ciervo.
Para que duerman y partan creyendo que atrás de este cielo, les espera sonriendo uno albo en espuma, cristales e imperios…
Uno siempre…
…. tan alto y sereno, celeste y albino, y nunca tan negro.
 Vals de cristal rompiendo alas, brota… baile húmedo de un pez que vuela cuando nada.
Esfera… cárcel transparente o lisa, que asfixia el aire dilatando escamas.
Y abre la boca, grito en silencio porque lo escucha el sordo que tocando, solo calla.
¿Quién ha de tocarte, moro negro?
Terciopelo de plata, carbón de velo.
Si los que somos tierra, en el agua lodo nos vertemos, aun queriendo ser barro o ser madero.
Y hacer barcas o quizás templos, para cundir de azúcar el dulce abrazo del atlántico al pacífico estrecho, donde brotara tu engendro de coral, de espada de sal y de estruendos.
Dime…
¿Quien ha de tocarte cuarzo negro?
Si los que somos fuego a golpes descalzos quemamos y ardemos y del agua huimos como demonio estéril en tu vientre materno.
¡Ay!… ¡quien supiera tu nombre, tu raíz y tu tiempo!
Quien pudiera respirar gotas de aire bajo el agua, bajo la hoja, bajo la nube, vapor blanco de tu cielo.
Y te llevara asido en su espiral sin freno a cazar mariposas de libres elementos que ingrávidas se tornan aun siendo acero...
En el viento azul, plateado y moreno en el que yo… …como tú…
...he viajado y he vuelto sin ser ala, sin ser polvo, sin ser ave.
Sin ser siquiera... …aliento muerto.
 En una mueca de locura me congeló, entre llantos la sonrisa.
Mas, mis ojos cuando miran, en palacios sepia se marchitan.
¿A que se aferrarán mis manos… …si las paredes caen sin sentirlas?
Más parecen empujar las ruinas de esta vida que me amarra al árbol muerto que me guía; y al amor ingenuo que me entrega el can sediento que me mira.
Si deliran mis ideas y se pierden en mi afagia de cordura que no traga y no respira.
No juzgues entonces mi labio que entreabierto, aún espera el beso de la muerte ...que cierre el borde de su herida.
Quizás plegaria sea al cielo, eternizada en laberinto sin caminos, de mi hambre que se esfuma entre sonidos, de un recuerdo en mi mente fallecido.
Entre voces que se turnan mis oídos cual imágenes difusas ...en mi olvido.
No juzgues así, con prisa ...el desvarío…
Y deja entonces de fumar mi hastío que en la bolsa que tu pisas guardo todas mis huidas tengo un sueño, tengo un ángel, hay diamantes, profecías.
Quizás, mejor será que cuides tu razón vacía no sea, que sin saberlo...
...se pierda un día tras la mía.  En tus ojos de luz me reclamó la vida, cuando me talló el vientre, y me sembró el amor hilando espinas.
En tus ojos de azul nací contigo, y me entregué rendida al dolor de ser mujer, de ser amante, de ser arcilla.
En mi sangre hiciste nido, de mis montes …tus esquinas, de mis huesos blanca estrella para tejer tu abrigo.
En tus lágrimas lloré este miedo, y ahogué mi rebeldía... …en tus lágrimas lacté el futuro y engendré la dicha de ser completa, de ser corazón, madre, hermana, amiga.
No huyas amor, niña, vida…
No me abandones, no te marches todavía, que mis manos se desnudan sin tus risas, en mi cuerpo que se acaba tan deprisa.
No abandones mi seno de tu frente, no desnudes tu frente de la mía, de mis dedos, de mis labios sin tus días.
No corras, pequeña sin virar la vista sin medir tus huellas sin trenzar caricias…
Aguarda a este ser que crece jugando entre tus niñas, que sigue ampliando sus brazos para mecer tus sillas, arropar tus llantos y secar heridas.
Espérame chiquilla, no te apartes todavía, que aún hay sueños que pescar en esta orilla.
Que aún hay cuentos que vivir en esta vida.
 La niña duerme… hoy, los perros que la hieren, se han mordido solos y callan.
Su ángel le besa los años de ausencias llenos.
La cuna que la mece, canta, melodías de mares entrelazados, amándose, profanos sonidos de lúdicas miradas.
La niña calla… deja que las sonrisas despierten su madrugada, para que nazcan azules, los días que la esperan entre parvadas.
Observa con la mano las huellas de sus pasos, las sigue, escucha la voz de sus canciones pequeñas, de los palacios dormidos en la esfera cristalina del recuerdo.
La niña llora, dibuja su tristeza en el cemento seco, riega las madrigueras con la brisa de su rostro evaporado en llanto.
Diluye con su esencia el arcoiris, mientras mariposas galopan de sus labios, el encanto.
La niña cree… cree en los duendes que habitan el cielo de sus ojos, en los fantasmas nobles que resucitan pasados, en las estrellas que juegan de día, y caen con el sueño tras el sol …de noche.
Y la niña escucha…
Escucha y se le rompe el aliento, se le apaga el grito y se le acaba el cuento.
También sonríe y abre sus cabellos para que la arrope el viento, la endulce la magia, y le enseñe tiempo.
Crece… abrazada a los árboles, regala nubes desde su pupila sonriente, andando descalza sobre la espuma blanca de sus simientes.
Y mientras tanto...
Espera… y se cansa de pintar abrazos en la nada, de cobijar heridas huérfanas de brazos sin padre, de tirar monedas en los lagos que duelen.
Y huye… hasta el lugar, donde los sueños terminan en dedos que saben dibujar caricias…
Donde los vacíos respiran y las hojas caen sin morir de noche entre cuadros y risas.
 No, no estoy triste…
Es solo que la vida se derrite ...y se empeña en salir sonriendo por mis ojos.
Mientras… la noche llora, y sobre mis pasos el cielo se derrumba con las estrellas rotas.
Es solo que… extraño besar mis letras, acariciar mi pluma, beber el mundo en cada espacio ...en cada sonido que dibuja mi tinta sobre las hojas.
No, no estoy triste…
Es solo que… las distancias llueven, los vacíos mojan, y el tiempo corre sin que mis pies caminen.
No, sé que no estoy triste…
Es solo un beso oscuro sobre mis pupilas sin sueño.
Es solo que… algunas veces necesito llorar para lavar el vestido de piedra que me tejió la vida. Y acudo al pintor que borra estancias, para que me corte un poco el paso de estas alas.
Es solo que…
Algunas veces, me siento, lo siento y nos siento tan lejos aun estando cerca, que mis puños errantes quisieran ser puentes colgantes en lugar de ser caminos raídos a la nada.
Es solo que necesito sentir el calor húmedo de un cuerpo sobre mi piel, de una lágrima sobre mis pestañas ardiendo.
Mas... no, no estoy triste…
Puedo decir, que aun dentro del llanto estoy sonriendo,
¿Y como estarlo?
Si aun en la tristeza, la vida me enseñó a levantar la vista sin olvidar que la risa, aunque no se vea…
…siempre existe.
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¤* Xinca *¤
Sidel Zeissig M. 2005-2006 ©
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