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 Quién pudiera romper del cielo tanta anchura o rasgar con una espina el espesor y que no crezca.
Quién pudiera ser un icono frondoso, que de un paso traspasara los océanos, en un surco que delire el ande espeso.
Quién pudiera así sentir lo que yo siento, maldita brisa que me rompe a las tristezas, y me ahoga en la impotencia en que florezco.
Dime tú, que sabes verme aun no tocando…
¿Donde engaño estos brazos que se han muerto?
¿O quién recoge de mis ojos tanta sangre…?
Yo camino con la vista siempre al frente… mas no puedo ver después de tu mirada.
Entonces, rompo y me desgarro tantas veces, que me sigo preguntando como vicio en las palabras…
Quién pudiera amarte como yo así de fuerte, aun estando tú tan lejos de mi vientre...
Mientras siento que a mi lado está la muerte.
 Despacio, el tiempo asoma sus dedales y nos palpa.
Cuenta esferas que dormitan los minutos, o recogen con la patria el sol campestre.
Y nosotros… que somos eje entrecortado de una tierra.
Y somos piezas que se engranan atrayentes.
Nos fundimos en un halo que respira, y se ensancha en mi garganta con tu anhelo.
Y así, despacio… nos hacemos de una vida pecho a pecho, con la frente y con los puños relucientes.
Y seguimos el sendero que se marca, en la piel siempre sedienta de algún roce, cuando se unen con tu cielo mis nostalgias.
Así, el tiempo sigue andando en pies cansados…
Y nos ve con el dolor en la pestaña, por los días que pasaron vacilantes, si nacimos en un mundo separado.
Y sonríe por los años que nos llegan, confiado/alegre de los siglos que nos faltan, si se rompe la distancia en nuestra mano.
He de buscar silente tus palabras, y migrar en cada tono que florezca.
Virar acaso tras la gota o tras el viento, inquieta esfinge que respira de tu pecho.
He de soñar un péndulo brillante, que palpite paralelo a mis pulmones, y haga prenda de tu sangre y de mi sexo.
O un cortejo en los acordes que celebre, el compás que fluye de mi boca, dando brincos y te inflama el corazón si fluye intenso.
He de girar el camino hacia el tobillo, para hacer un dije de la línea que te abraza; y pender de mis orejas dos urgencias, que susurren estallando si es que faltas.
O quizás, he de cortar con un poema alguna métrica, que marque el ritmo con que clama, tu ausencia…
Y rompa el frío que separa de mi llanto …tu tristeza.
Necesito despertar del árbol la corriente, y trenzarme de sus ramas la nostalgia.
Colgar de sus vahos verticales, escalando el musgo comensal de la ventana.
Necesito, simular al ave cuando duerme, y soplarle al río la cascada de las rocas…
Caer inerte inventando un roce fértil, de la hoja que resbala entre la gota, los celajes.
Así, respirar pausado, y deslizarme en la maleza convergente de unas manos.
Para volver andando el pentagrama, y saltar la ronda en un pie o sobre una cama.
Necesito, entonces… cerrar la vista cuando espía, o anclarla más allá del que mira.
Y atarme nudos de cabello tras la espalda, y borrarme los disfraces que desmayan.
O inventarme como el niño un barco de hojas, y viajar sobre mil leguas tu camino, sin que triunfe rebosante...
...la distancia.
 En momentos como este quisiera ser aguja, y derramar mis pies sobre el reloj que nos aleja.
Mientras tanto, atrapo una corchea en el silencio, o arqueo mi cadera sobre el muslo y te hago un hueco.
Momentos que debieran ser un óleo antiguo en las murallas, que pintara a la mujer como costilla, transversa gota que atraviesa a quien la ama.
Instantes o murmullo, tiempo en grava que erosiona en mil reflejos; Eje lineal cavando el halo semiabierto, del cuerpo que en la espera se hace eterno.
Entonces, en momentos así, como el de ahora, en que el alba fina de mi vientre, sangra herida por la hoja:
Yo me sostengo o me absorbo en tu semilla hombre, y te aguardo como eco en el oído, mientras rezo el crucifijo de tu nombre ...sobre el mío.
 Algo abajo del misterio, del color, o lo amarrillo del fruto y de los sueños.
Algo adentro de la sangre o del instinto tribal que revienta en mi cerebro.
De eso hay algo en mis caricias que se escuchan, o en el dorso de mi cuerpo y su silueta.
Algo de ti, encajado en mi pupila dando saltos de humedad sobre mi cuello.
Haciendo ruta de tus labios al vacío, reptando el surco de mi vientre que palpita.
Algo de ti o de tu voz nace en mi ombligo, y le hace cuenca al ojal de tu costilla.
O se hace nudo entre tu pecho que me abriga y comulga nuestro abrazo a las heridas.
Algo de ti, hombre está en mi carne… y me vive desde el sexo hasta la risa, cuando rezo de tu boca los secretos.
Algo de ti, amor guardo en las manos, línea oblicua de tus dedos matinales que transitan desde el ojo a la falange.
Como un río, o una anguila en el diafragma, que recorre mis arterias o mis venas y me muerde el corazón gritando hambre.
 Al encuentro de tu cuerpo con mi cuerpo, mar de azúcar en mis dedos cueva oscura.
Despertó la piedra blanca garza de tu vena, arcilla escala que renace entre mis piernas.
Al encuentro de tu sangre con mis versos, prietas gotas de sudor sobre mi seno, tu mirada luna tibia que no mengua desnudó la seda que cubría tanta pena.
Y entre ritmo de tambores o entre plumas, con estatuas de argenta así talladas...
Tu sexo fue de flor gloriosa espuma, mas, mi mano de estos labios fue la tumba.
Y se unió, allá a lo lejos basto cielo, entre mitos que declaman los poemas, que de savia se hacen dioses, besos, truenos con lavandas prodigiosas o morenos.
Como el canto que nos traen las gaviotas cuando danzan en papeles o entre copas… …y nos dicen que soy sed y tú eres gota.
 Quise escribirle, contarle tantas cosas…
Y un silencio absurdo que recoge mis cabellos o los bota, tras los ángulos estrechos de mi sombra, me acalló el gemido y de mi nombre hizo su gloria.
Quise escribirle, decirle tantas cosas…
Y un secreto mudo, con las huellas encastradas me encajó los dedos y los ojos tras su paso… me enterró el delito de ser carne, boca de agua, mano andada…
Y arrugó mi voz, como piedrilla en la garganta, o como nudo de sangre en la corbata, o en la manga.
Quise decirle, hablarle tantas cosas, un rosario, una alborada, esa constancia...
Que dijera entre comillas las nostalgias, que me viven en las piernas si se marcha, y que me llenan los bolsillos si me abraza.
Y el ritmo azul, de mis arterias dilatadas, no pudo más, que ser arcano, o ser enviado… y viajó, allá, entre las puntas maltratadas…
Que atan crueles, a mis dedos, que gritando piden lanzas, piden fuego, espina y armas …mientras forjan las vocales, si es que faltan…
Para decirle, amigo, hombre, amor, pasión, mi alma; que aun sin lengua que haga nido en mi palabra…
Será su voz, ...siempre mi canto a la esperanza.
 Tiza húmeda es a mis labios tu recuerdo; cazador de sueños a mi oído es tu palabra.
Como plumas que gotean tus sabores; como hilos, que sostienen entre lluvia ...los raudales.
Como ese lino/tul siempre añorado, que de tu piel me guarda entre las copas el galope, de madera o tambor virgen y forjado con la sal morena de mis dedos, en tus manos.
Así, respiro tu rostro y te recuerdo...
O aspiro de tu sangre y me vuelvo aire, ave, oxígeno, o quizás arteria incontenible, indescifrable.
Así puedo recordarte y te poseo...
Sin que sepas en tu hueso ya abrigo; sin que sientas en tu vientre ya mi pecho.
Difumina mi nombre y hazlo arcilla…
Que de mi frente brotan, azules mil deseos para hacerte del estaño/cobre, un arcoiris, isómero, espejo de tu alma en mi camino.
Hazte entonces, amor... un canto no dormido, y de mis voces estrechas o sencillas, has ojal a mi pupila tu nostalgia, en la sombra de tus ojos nunca exhausta.
Y déjame, en esta hora que se acerca... cobijar entre mis senos tu sonrisa, y respírame o abrázame, en delirios sin cabida…
Ahí, donde me sumerjo por las noches, si me dejas, observando al sol que se derrite sobre el agua, en esa cópula amarilla que unifica, entre líneas y distancias
...la tristeza.
 Quién diría, amor… que me dueles y te duelo.
Que me habitas y me pactas en las noches cuando muero, cuando corro, y me sostengo en aleteos o bosquejos.
Quién diría que te siento y que me sientes célula madre o pulmón de viento, falange etérea de mi huella en la palabra y el espejo.
¡Ay, quién supiera amor, que me dueles y te duelo!
Que a veces, más que llanto ...o más que nada, con rumor de sombras sin galaxia, sin arpegio.
Y me sangras, nato, impune, como antígeno que eleva mis esfinges y mis huesos.
¡Oh! ¡amor!… y quién supiera de tu iris lácteo cielo como estrella dilatada entre mi pecho, de florestas esculpidas en acero y alfarero.
¡Quién diría, corazón, quien lo diría!
Que levitas de mi cuna los gemidos, más allá, entre el surco de mis días en tu cuerpo, o más acá del grito de mi nervio en tu cerebro.
¡Quién lo diría amor, quién lo supiera…!
Que la distancia me extraña y me visita…
Que la tristeza se enamoró de mis tristezas…
Ay, corazón, quién lo supiera…
Que prefiero morir entre mis ojos y tu risa… que vivir con una lágrima en mis besos ...y a lo lejos.
 Y es que a mi no me alcanzan veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Ni he aprendido a formar puentes como liebres…
Para decirte que me naces cada día como agua, y me calzas los pasos entre lluvia como hojas.
O decirte que me habitas cálido y constante, dulce y espeso entre la sal que orquídea en mis deseos …cuando te pierdo.
Y es que a mi, me faltan letras para tejer sonrisas en tus ojos, y me faltan espacios para volverme aire y respirarte, y me faltan, incluso… … silencios para hacer de mi dolor un grito ciego.
Dime entonces… amor, donde me escondo…
¿A quien he de robarle el trino y los encantos?
Para decir que tu piel hace cuenca entre mis senos, para cantar de tu nombre que hace surco entre mis llantos.
¿Será acaso tu esencia… quien bautice el aire con mis dedos?
Toma mi mano entonces, que se extingue en tu figura, que se hace polvo entre tu sombra, y se hace lanza entre tu ropa, que me desnuda y me destierra siendo sangre…
y deja impresas en su huella las palabras… … que en mi boca suenan y revientan como olas, de tu mar que en celo forma orilla de amapolas, en esta selva, blanca, virgen que es mi cuerpo.
¡Sostenme así, amor y no me sueltes, que a tus labios se aferraron mis caminos!
Que me cansé de ser ángel, de ser trueno que se duerme y no renace, …y se desviste de azul y vino en tus sonidos, como dioses desnudos que fecundan lo impalpable entre caricias y sentidos.
Sostenme así, amor, no me sueltes, déjame ser heraldo negro… ...y posarme sobre la piedra blanca de tu pecho.
Y dame voz y dame grito con tu aliento… …que la mía no basta, para entregarme en estos versos.
 Afuera…
Hojas secas, crujen como puertas viejas, y atraviesan un silencio que no escucha.
La noche, dice, que olvidó mi luna entre tu plata…
Y yo… que me canso de contarme los cabellos, y de trenzarme sueños… me ahogo en estos trazos de cepillo que resbalan por la espalda de mis dedos.
A lo lejos, parece hablarme cuando mi razón te llama…
Hay flores dispersas en mi cama, como si el techo llorara primaveras que no mojan, que no besan, que no hablan.
Flores de manta que adornan el frío de este abrigo que no abraza y solo estorba… escupe soledad y rumia esporas.
Que amarra el cuerpo que no supo ser estatua y menos horma.
Pero adentro, todo duele, Todo sobra…
Silencio queda, solo silencio… y se diluye la vida, si los respiros callan, si los gatos duermen, sobre mi alma que desmaya y ya no llora.
¡Y no, no queda nada!
Solo estos ojos incrustados en la sala, con sus manos de arcilla que sostienen frutos huérfanos de árbol y savia.
Solo este olor a mito y cuento de tus tierras tan lejanas, a incienso que silba con su brasa y deja estelas en mis pies que ya no calzan.
Quizás, solo mi sombra que no toca, quizás solo ella quede, en esta noche y no se esconda…
Porque me arde la piel estando sola, me arde… de beber esta humedad que se evapora, entre surcos de siluetas que se borran.
Quizás, la encuentre mañana entre tu almohada, tranquila, etérea, inmaculada…
Quizás mañana…
¡Si!... quizás mañana, despierte mi alma, postrada así… entre tu pecho y tu mirada.
 Las sombras se sostienen de pie, y yo cayendo… bañando el mar con sal de sangre entre mis huesos, de rostros heridos que engullen recuerdos, bramando caricias enredaderas tus besos.
Los vacíos gimen, y yo ardiendo… con el vientre lloroso de corales risueños, de arenas regadas en tus fálicos sueños.
¿Escuchas?... El aire huele a cuerpos de ceras maleables arcilla en tus dedos; a flores naciendo en tallos erectos, rociando polen espuma blanca brisa entre mis senos.
Los murmullos no callan escudriñan misterios, penetran el vaho de tu sed en mis labios, de mi esencia en tus poros inquietos.
La noche termina… y tú no has vuelto, y mis bóvedas frías anhelan tu cuerpo que adherido a mi carne me bebe el aliento.
Y mis manos se pierden estallando intentos, como insectos fugaces engendrando los suelos de las selvas espesas que dibujan tus lienzos en mi piel dormida renacida en tu sexo.
Oscuros mis días adiviné tu canto cómo figura tallada, aire estrecho, marca asible en la distancia.
Lejana y rampante, presencia extraña, pez en tierra, ave en agua, halo de luz sobre la nada.
Escudriñé mis sueños…
Adiviné tu rostro y lo sostengo, lo hinco en mis entrañas y lo engendro.
Lo elevo y lo amarro a mi vuelo de serpiente emplumada con alas de fuego.
¡Si!… ¡dejemos el suelo!
Coloca mi alma tras tus huellas...
Sigamos el juego… Juego de vida, corazón en juego.
Nuestros labios no perderán sus truenos… porque tu boca es mar y la mía, madera navegando aérea hasta tu pecho.
Nuestros pasos no sentirán el tiempo… porque las horas crecen sin aliento, y los segundos nacen limpios rasgando el himen de lo incierto.
… sigamos el juego…
Nuestros cuerpos no serán etéreos… porque mis manos en tu rostro son acentos cardinales, en sonidos ancestrales, diamantes nuevos, bosque espeso.
Nuestras luchas serán besos… porque mis dedos sangran y no hieren, edifican imperios de suspiros serpenteando edenes en tu lecho.
Sigamos el juego… Juego de vida, juego eterno.
Habitemos los cielos existiendo entre vírgenes morenas y cristos negros, de nuestro amor que es de tierra y barro férreo, de sangre azul y rojo almendro…
No de olvido… ¡no!… no de recuerdos.
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¤* Xinca *¤
Sidel Zeissig M. 2005-2006 ©
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